La guerra de Europa y Google, por la digitalización de libros
La polémica iniciativa de Google para digitalizar libros, está levantando ampollas y rechazo por parte de editores, libreros y algunos Gobiernos de la UE.
Lo que ha llevado a que la Comisión Europea se plantee la necesidad de actualizar la legislación, en lo referido a derechos de autor. ¿Como resolver los nuevos desafíos que propone la era digital?
La Comisión Europea organizó estos días una audición de la partes integrantes del mundo editorial europeo (autores, editores libreros, bibliotecarios, Gobiernos). ¿El objetivo?, examinar a fondo las repercusiones en Europa que traería un acuerdo similar al alcanzado por Google Books en Estados Unidos, para digitalizar y comercializar los fondos de libros de dominio público (aquellos cuyo derecho de propiedad intelectual caducó) o huérfanos (que no tienen dueño claro).
El hipotético acuerdo supone una guerra intelectual, en Europa, con acusaciones próximas a la piratería intelectual contra Google. La Comisión se alineó en la misma lógica del sistema estadounidense cuando la comisaria de la Sociedad de la Información y el responsable de Mercado Interior, emitían un comunicado conjunto que probablemente le hizo frotar las manos a Google: “Nuestro objetivo es acabar con los viejos estereotipo que han entorpecido el debate en el pasado y centrarnos en encontrar la mejor solución que la tecnología de hoy nos permita para el futuro. La digitalización de libros es una tarea hercúlea que el sector público necesita guiar. Pero también necesita apoyo del sector privado. Ha llegado la hora de reconocer que la asociación entre organismos públicos y privados puede combinar el potencial de las nuevas tecnologías y las inversiones privadas con las ricas colecciones que las instituciones públicas han formado a los largo de los siglos. Si somos excesivamente lentos, la cultura europea podría sufrir en el futuro”, afirmaron categóricos Reding y McCreevy.
A su juicio, la UE necesita un nuevo marco legal que catalice un desarrollo de servicios semejante al facilitado por el acuerdo que Google acaba de conseguir en EE UU, aunque aún pendiente de ratificación judicial.
Las bases de partida son claras: respeto a los derechos de autor y debida retribución. Pero antes: ¿necesitamos analizar con atención el régimen de derechos de autor que tenemos en Europa?. ¿Se adapta a la era digital?. “Esa es la cuestión. En este conflicto hay cuestiones filosóficas, económicas y culturales. La idea de Google es la eterna de la humanidad, poner todo en un mismo lugar. Lo intentó la biblioteca de Alejandría y lo soñó el bibliotecario Jorge Luis Borges. Ahora con las nuevas tecnologías esa posibilidad existe. Pero la condición humana está contra la homogeneización”, respondía Milagros del Corral, directora de la Biblioteca Nacional de España. Según ahora, informaba el periódico El País.
Hasta ahora dos bibliotecas de las veinte que se sumaron al proyecto de digitalización son ibéricas: la de la Universidad Complutense de Madrid, y la de la Politècnica de Catalunya, aunque otras como la UNAM en México nos explican en el siguiente vídeo el por qué:
¿Hasta qué punto la concepción jurídica del derecho de autor a la europea se presta a la explotación digital?. ¿Es Estados Unidos un modelo a seguir?.
En este conflicto entran los intereses de muchos. Los autores son más favorables a la innovación tecnológica que dé nueva vida a sus obras. “Los autores de libros descatalogados vemos que nuestra obras llegan a un mercado completamente nuevo”, comentó el escritor James Gleick. Obviamente, editores y libreros, que viven de vender libros, temen que la irrupción del gigante acabe con su negocio.
Así Antonio Ávila, de la Federación de Gremios de Editores y Libreros de España, acusó a Google de violar los derechos de autor y el convenio de Berna al tomar la iniciativa de escanear libros en Estados Unidos, sin consultar previamente a los derechohabientes europeos. Olga Martín Sancho, de la Federación Europea de Editores, estaba incómoda con la Comisión. “Espero que tenga en cuenta la posible infracción del convenio internacional sobre derechos de autor”.
El representante francés amenazó que Francia irá hasta el final para que tal acuerdo no afecte a libros y autores franceses. La misma postura que mantiene Alemania. Para ellos, el acuerdo de Google en Estados Unidos no es aplicable en Europa.
“No hace falta reabrir la directiva de derecho de autor de 2001, que fue muy difícil de negociar. Sobre ella deberían construir Reding y McCreevy y no sobre acuerdos extranjeros. Que miren lo que ya se está haciendo en Europa”.
En la UE, además del proyecto de Europeana, que dicen anda a paso de tortuga, hay iniciativas nacionales como Libreka en Alemania, Gallica2 en Francia o Enclave, que se presentará en la próxima edición de Liber, en España.
Dan Clancy, el ejecutivo responsable de Google Books que ayer aguantó todas las miradas esperanzadoras o recelosas y desconfiadas, en la audiencia en Bruselas, intentó convencer con un gesto hacia los editores. Curiosamente prometió de manera analógica, por carta, que ningún libro que esté comercializado por los canales clásicos en Europa será comercializado por Google Books aunque no estén en circulación comercial en Estados Unidos.
Pero a estos, no les pareció suficiente.
Emociones encontradas, y un largo camino aún por hacer.
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