Sobre el antisemitismo español y Koogle, el buscador para judíos ortodoxos
Los judíos ortodoxos ya tenían su propio Mac Donalds de comida kósher, y ahora podrán disfrutar su propio buscador, Koogle. Este buscador omitiría todos aquellos resultados que podrían plantear problemas religiosos y no permitiría comprar durante el Sabbath judío, que prohibe toda clase de trabajo y negocios.
Koogle también filtrará los enlaces de noticias sobre Israel y bloqueará la compra de objetos que los rabinos israelíes ultraortodoxos prohiben a sus fieles, como la televisión. Es una alternativa para que los judíos ultraortodoxos puedan navegar por internet sin prejuicios ni perjuicio, puesto que evitará material sexual explícito, o fotografías de mujeres que los rabinos ortodoxos consideren poco modestas. Por lo demás ofrece información sobre judaísmo, inversiones, negocios inmobiliarios, restaurantes y bocatas kósher, o ropa y sombreros.
En España según Martin Varsavsky (empresario español-argentino fundador de Jazztel, Viatel o Ya.com) ser judío no es fácil. Hoy, dice son unos quince mil de cuarenta y cinco millones de habitantes en todo el país. Una cifra poco representativa en comparación con los doscientos mil estimados, que tiene por ejemplo la Argentina.
Sin embargo en el pasado, los judíos constituyeron en la España medieval una de las comunidades más ricas y prósperas de su tiempo, tanto bajo el dominio musulmán como, posteriormente, en los reinos cristianos, antes de que en 1492 fuesen expulsados o convertidos por los Reyes Católicos. Entonces eran unos 600.000 o el 10% de la población. Pero ahora España pasó de 1 de cada 10 habitantes judíos en 1492 a 1 cada 3.000, actualmente.
Ahora un informe de la Liga Antidifamación (ADL) de EEUU, dedicada a combatir el antisemitismo en el mundo y a defender los intereses israelís en Washington, dice que el antisemitismo «se está generalizando en España», en la prensa y en la opinión pública, una conclusión que extrae a raíz de varias encuestas.
«España es el único de los grandes países europeos donde hemos visto feroces viñetas antisemitas en los medios generalistas y protestas donde se acusaba a Israel de genocidio y se vilipendiaba a los judíos comparándolos con los nazis», aseguró Abraham Foxman, director de ADL, pilar del lobby israelí en EEUU. Un artículo en el blog de la embajada israelí en España apunta a lo mismo.
Aunque Umberto Eco habla de como el antisemitismo es mundial, y toma además como excusa la crítica al accionar del gobierno Israelí, en el conflicto de Gaza.
Puede ser que exista en ciertas manifestaciones disfrazadas por lo político antisemitismo, pero creo que no hay que confundir churras con merinas. Disentir con las decisiones políticas o la política exterior de una nación, no tendría porque representar el rechazo hacia la religión dominante de esa patria, o sus ciudadanos.
Es decir, manifestar solidaridad con el pueblo palestino o himalaya en una matanza, conflicto o guerra, no tiene porqué asociarse al antisemitismo. No es una lógica básica de: o estás conmigo o estás contra mí. Como si el hecho de que critiques a Berlusconi o lo que hizo el gobierno Turco con los Kurdos, significara que seas anti italiano o anti turco o anti musulmán.
Conozco algo de la colectividad judía. He sido recibida generosamente por personas de religión judía en distintos países. Respeto y aprecio esta comunidad. Pero eso no quiere decir que simpatice con la violencia bélica que a veces ejerce Israel, Palestina o cualquier país.
Sin importarme quién es, quién tiene la razón o quién empezó, abogo por la paz y la convivencia, por intentar resolver el asunto buscando justicia y reparación histórica, dignidad, para todas las partes implicadas.
Y no la ley del más malo o el más fuerte, como en el salvaje oeste. Por eso creo que el antisemitismo o el racismo en general, se encuentra desgraciadamente en cosas más cotidianas que una viñeta de periódico sobre el asunto Gaza-Israel.
Es esa sensación incómoda que a una le queda cuando escucha comentarios que ni siquiera a veces son malintencionados o conscientes, pero que refuerzan estereotipos que al generalizarse rozan lo racista como: “todos los judíos tienen dinero” (¿conoces a todos, acaso nacen con un pan debajo del brazo?) “no te fíes de un gitano” (¿cuántos payos hay de los que no te fías, cuántos gitanos decepcionaron tu confianza?) “ya sabes como son los latinos” (¿cómo son, todos iguales?) “los gays son siempre promiscuos” (¿no los hay felizmente casados?) o “es que los negros son muy buenos para los deportes y la música” (¿no habrá negros “de madera”, también?).
Como si el hecho de practicar una religión o provenir de un país o etnia, te predispusiera genéticamente a un carácter o actitud. Eso es no admitir matices, diferencias, minorías. Eso también es racismo o antisemitismo. Y del peor tipo, porque es aquel que casi que es aceptado en una conversación de oficina o hay quién incluso le sale de forma irreflexiva o le pasa desapercibido.
Termino con un divertido video del genial cómico Peter Capusotto, sobre Kosher Waters, una banda de música muy de moda, de judíos ortodoxos argentinos:
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