Miércoles, 6 de la mañana y todo el día por delante, así se levantó aquel día, esperando algo excepcional pero sabiendo que la rutina con casi total seguridad le atraparía sin ofrecerle la posibilidad de escapar, pero aún así, bajó un pie de la cama, luego el otro y caminó hacia la cocina.
Agua en el depósito, abrir la caja de los filtros y poner el filtro de papel en la cafetera, llenarlo con el paquete ya abierto de café… – Mal empezamos, esto parece el día de la Marmota. Aún sí se preparó el café, lo dispuso en un vaso de cristal, y portátil en una mano, café en la otra, comenzó el repaso de la prensa diaria, como todos los días.
Después ducha, vestirse, bajar al garaje, subir al coche y a disfrutar del atasco, al menos, eso iba pensando de camino a la ducha.
En el baño, la radio siempre presente, que más que ser escuchada tenía la función de hacer compañía en las frías mañanas de noviembre, pero que cumplía su misión. Mientras en la radio sonaba alguna canción no reconocible pensaba en qué podía hacer para que cada día fuera un poco diferente al anterior, pero quiso ir más allá, quería un día diferente y que le aportara, que le aportara algo a nivel personal, la cosa se ponía complicada, aunque no imposible.
Toalla, zapatillas, y la mirada fugaz al reloj que señalaba que, como todos los días, el tiempo era un bien muy preciado que se agotaba con celeridad.
Ascensor, botón de -1, garaje, coche, llaves de contacto, ruido de arranque y otra vez, la radio, esa compañera incansable que siempre está, esta vez sonando un programa sin música, pero gracioso, comentando las noticias leídas durante el café, pero con risas entre frase y frase.
- Mira por donde, hoy parece que el ministro de Grecia no sabía nada de nada de lo del referéndum, pufff, menudo cacao, si ni el que manda sabe lo que pasa ¿quién sabe algo?.
Frases como estas las repetían en la radio con un aire jocoso pero sin quitarle la seriedad que el asunto se merecía, los griegos parece que estaban en un aprieto, a duras penas era capaz de entender qué pasaba, pero por la radio no paraban de repetir que o pagaban o las siguientes generaciones “lo pagarían”. Sonaba a algo del estilo de las maldiciones, esas que decían que el mal llegaría a los descendientes y a los descendientes de los descendientes. De todos modos Grecia sonaba algo lejano, no había que preocuparse, así que cambió de emisora, esta vez una de música, sonaba una canción que no paraba de repetir Alejandro Alejandro.
Llegaba a la oficina, pero justo una calle antes de llegar paró el coche, cerró los ojos, lo volvió a arrancar y dio media vuelta, pero no por donde había venido, empezó a callejear sin sentido, sin orden, como huyendo de algo hasta que llegó a un parque con una fuente que soltaba un chorro de agua, aparcó el coche.
El agua al salir a presión y volver a caer sobre la fuente ofrecía un sonido fuerte, pero a la vez tranquilizante. La fuente estaba situada en el centro de un pequeño parque rodeado de césped y nadie para poder disfrutar de esa fuente, aunque realmente no era un fuente propiamente dicha puesto que lo único que tenía era un tubo por el que salía agua a presión y volvía a caer.
Se sentó a ver el chorro y a sentir como el viento húmedo le refrescaba la cara, ¡que gran sensación!
Sin saber el tiempo que llevaba disfrutando de aquel chorro de agua que subía y bajaba se dio cuenta que el sol estaba ya en lo alto y pensó que quizás tenía que irse a la oficina, porque había faltado toda la mañana sin saber muy bien por qué y sin saber muy bien cómo podría explicarlo, se levantó, miró a su alrededor y algo muy extraño pasó.
Por alguna razón había vuelto a su barrio y estaba en el parque de detrás de su casa, ¡llevaba viviendo ahí cinco años! Y nunca había ido a ver ese chorrito de agua, no había dedicado nunca el suficiente tiempo como para dar la vuelta a la manzana.
Al final consiguió descubrir cosas nuevas y no caer en la monotonía, todo estaba muy cerca.
“quería un día diferente y que le aportara”
“todo estaba muy cerca…”
Pero, ¿se paró también a mirar lo que él aportaba de diferente al mundo? Seguro que era mucho!!!
)
Igual sólo necesitaba recargar pilas
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¡¡¡buenísimo, don Edu…!!!
Real como la vía misma; yo, también, digo, tampoco veo, conozco mas allá de unas calles; ¡¡¡claro, que mi edad tiene ciertos inconvenientes…!!!; y, mis lentas piernas; y, claro también, ¡¡¡años que no conducto…!!!; ¿cuantos…?; tres, cuatro; no me acuerdo; y el trabajo, ¿sabe qué queda en el recuerdo tras cerca de veinte años de jubilado…?; espero que lo sepa algún día, con salud, con memoria, con afanes y desazones…
Vale; ya me he confesado.
Un saludo cordial, Don Edu., de este que lo es.
GERUNDIO
Deberian cambiar los folletos turisticos; “Visite usted las calles y parques que hay en los alrededores de su casa” “Disfrute de la fauna del barrio; gorrioncillos, lagartijas y palomas” “Un viaje trepidante en el autobus de linea, de color rojo y dejese sorprender por los urbanitas”…. je je je
Para hacer algo nuevo y ver ver cosas nuevas… podrías ir en bici a la oficina.
Tardarás tiempo hasta que te resulte monótono.
Saludos.