¿Inmigrantes chinos, y Telemadrid?, curiosa mezcla.
Sí queridos lectores, efectivamente, de vez en cuando voy a comer a un restaurante chino, pero no uno de esos chinos glamurosos, que también voy de vez en cuando, sino a uno de esos donde la salsa agridulce tiene un extraño color rojo pasión y donde los platos suelen estar mellados por el uso. Un menú de siete euros y medio en Alcobendas destaca, pero no precisamente por lo caro, sino todo lo contrario.
Hoy es uno de esos días en los que con junto a mi compañero donostiarra decidimos ir a comer a un sitio rápido y barato, y sí, este restaurante chino, del que curiosamente no recuerdo el nombre, es un lugar fantástico.
Apenas dos mesas ocupadas y cuatro camareros nos hacen pensar que este es uno de esos restaurantes con poco éxito, la crisis apalea de mala manera este tipo de locales, curiosamente no como los otros caros, fashion, de moda, donde el cubierto tiene un precio al que no se llega con doblones, euros hay más bien pocos, y es mejor guardarlos para menesteres más importantes.
El restaurante chino, los camareros presumiblemente chinos, unas cuantas banderas nacionales y dos televisiones de gran tamaño en las que se podía un “debate” de la autonómica Telemadrid.
Qué curioso debate a los ojos de una persona que no suele ver ni la televisión ni Telemadrid. El debate circulaba en una única dirección, lo mal que lo hace el Gobierno, lo mal que va España y lo lamentable de todo.
- ¡Que gran depresión!, todo es una mierda.
Esta podría ser la frase que podría haberle soltado a mi compañero de mesa, pero no, decidí callarme y seguir viendo aquel esperpéntico espectáculo de autodestrucción y flagelación nacional.
La moderadora, opinaba, los dos bandos opinaban, bueno, realmente sólo opinaba un bando que estaba dividido en dos para darle un poco de color a la cosa, un tono, por cierto sospechosamente azulado mientras sentía como unas gaviotas revoloteaban sobre mi cabeza como si de dos buitres se tratase esperando que la víctima terminase por si misma para luego devorar la carroña.
No quiero entrar en demasiado juicio de valor del debate, si es que se le pudiera llamar así, ni en juicio de valor sobre si las gaviotas son carroñeras, que por cierto, sí lo son, tan blanquitas y tan carroñeras …
En un momento del “debate” se nos acerca uno de los camareros con un español bastante reducido comentándonos lo mal que estaba todo y lo malo malísimo que era Rubalcaba, aunque podría haber sido cualquiera que Telemadrid hubiera decidido poner a tiro.
Lo curioso es que el camarero chino seguía jadeando tan lamentable espectáculo televisivo a modo de circo romano incluso cuando han comentado una idea sobre qué hacer con los inmigrantes. Lo que se ha comentado por respeto a todos ustedes prefiero omitirlo.
Incluso en ese momento el camarero seguía jadeando la barbarie periodística.
Todo el mundo tiene su opinión, todo el mundo es libre de pensar lo que quiera, aunque a veces no soy capaz de comprender muchas cosas.
De cualquier manera es cierto, la situación no es buena y si alguien pregunta si podría ser peor la respuesta me parece evidente, un sí rotundo, pero da igual, ¿a quien le importa?
Espero que algún día se pueda ver la televisión y ver algo diferente, no espero imparcialidad, pero una mínima representación de los dos bandos … el problema surge cuando sólo se ve y se escucha un mensaje, al final el ser humano llega a creerlo y a dudar de su propia existencia.
Total, si nos dicen que es de noche es de noche y punto, el sol se habrá equivocado de hora ¿no?
Y todo esto lleva a un liberalismo subyacente en sectores de la población donde desconocía que existiera, no imaginaba inmigrantes chinos en contra de la reagrupación familiar, me parece extraño, pero ¿Quién soy yo para duda de las ideas y creencias de nadie?