Miércoles, 6 de la mañana y todo el día por delante, así se levantó aquel día, esperando algo excepcional pero sabiendo que la rutina con casi total seguridad le atraparía sin ofrecerle la posibilidad de escapar, pero aún así, bajó un pie de la cama, luego el otro y caminó hacia la cocina.
Agua en el depósito, abrir la caja de los filtros y poner el filtro de papel en la cafetera, llenarlo con el paquete ya abierto de café… – Mal empezamos, esto parece el día de la Marmota. Aún sí se preparó el café, lo dispuso en un vaso de cristal, y portátil en una mano, café en la otra, comenzó el repaso de la prensa diaria, como todos los días.
Después ducha, vestirse, bajar al garaje, subir al coche y a disfrutar del atasco, al menos, eso iba pensando de camino a la ducha.
En el baño, la radio siempre presente, que más que ser escuchada tenía la función de hacer compañía en las frías mañanas de noviembre, pero que cumplía su misión. Mientras en la radio sonaba alguna canción no reconocible pensaba en qué podía hacer para que cada día fuera un poco diferente al anterior, pero quiso ir más allá, quería un día diferente y que le aportara, que le aportara algo a nivel personal, la cosa se ponía complicada, aunque no imposible.