Es indudable que cuando las cosas no marchan bien hay que protestar, hay que intentar hacer algo para mejorar la situación.
Muchas veces pensamos que nuestra voz no está siendo escuchada y es el momento en el que surgen las protestas, primero en petit comité y después en voz alta intentando buscar aliados en esta empresa, cuantos más encontremos más alzaremos la voz.
Sólo si el grupo es lo suficientemente grande podremos ocultarnos en el anonimato para protestar, porque siempre existe el miedo a las represalias del objeto de la protesta, ya sea la empresa, el gobierno, la universidad, la junta de vecinos o lo que sea. Obviamente y sólo por poner un ejemplo no dará el mismo miedo la empresa que la universidad. Por ejemplo en una junta de vecinos es probable que se mida más la queja por las posibles represalias de los vecinos, etc…
En el caso de tener bastante fuerza generada por la masa empezarán a surgir las denominadas protestas, en las cuales suele haber un portavoz, que ojo, no habla por su boca, sino por la de los demás, siempre bajo el paraguas de la multitud, que ojo, está bien, no está mal, me parece correcto, se defienden los intereses de un colectivo.
El problema salta cuando hablando no se consigue nada y hay que buscar medidas de presión, y estas si no se encauzan bien provocarán efectos no deseados o simplemente que se vaya de las manos, ejemplo de los controladores, los míticos astilleros o del metro por poner sólo dos ejemplos.
En ese punto ya no entramos en el punto ejercer fuerza sino de la manipulación y será el más listo el que consiga manejar la situación mejor, ya no estamos en un pulso de razón, sino de estrategia y sucederá lo inevitable, empezará la bola de nieve a crecer y muchas veces conseguiremos todo lo contrario a lo perseguido.
Haciendo un ejercicio imaginativo pongamos un colegio que paga a los profesores el sueldo mínimo y les obliga a hacer horas extras para cuidar a los niños fuera del horario escolar porque no hay personal para las actividades extraescolares. Si no se explica bien y con tiempo los padres pueden llegar a pensar que los profesores no quieren trabajar, que son unos vagos y no tienen derecho a protestar. Esto es sin duda porque existen profesiones que mucha gente tiene desprestigiadas, pensar en el informático, que a veces no puede solucionar un problema por falta de recursos, pues ese “chaval” seguramente tenga que aprovechar sus horas de fin de semana para ponerse al día con la tecnología porque su trabajo está poco valorado y total, para lo que hace, para qué darle formación, y así infinidad de profesiones.
Ya no estamos en la época en la que todo el Mundo era bueno y si se salía a la calle con unas pancartas la gente pensaba que lo hacían por una razón, ahora que si son funcionarios, que si ganan mucho dinero, que si son unos avariciosos o que si están mejor que yo de qué se quejan y se produce el rechazo social.
El rechazo social no genera otra cosa que la pérdida de derechos y fuerza social.
Hay que trabajar mucho en muchas cosas, porque a día de hoy si algún colectivo se queja o se pone en huelga no será uno ni dos los que digan que encima que tienen trabajo de qué se quejan, que con la que está cayendo bastante tienen con cobrar a fin de mes, aunque realmente no cobren.
Además, el hacer una huelga, pongamos en el colegio que he dicho antes, no serán pocos los padres que exijan que se les despida para poner a otros, que estos no hacen su trabajo.
Me da la impresión que con los años sólo hemos conseguido ver hasta donde acaba nuestra nariz, los demás que se jodan, y ojo, cuando se montan determinadas protestas igual, ¿qué ganamos cortando carreteras?, seguramente algún palo de los antidisturbios, rechazo y poco más.
Quizás haya que empezar a educar de nuevo, se ha perdido demasiado, los últimos años no son más que una involución. A los niños quizás haya que empezar a enseñarles que si cada uno vive mejor al final todos viviremos mejor y no rechazar a quienes protestan por mejorar su situación.
La alternativa que nos queda ya la sabemos todos, vivir ahogados por las hipotecas, trabajar 60 horas a la semana y pisotearnos los unos a los otros.
Hoy estaba pensando en la igualdad, la autonomía y el conocimiento, maravillosas ideas por las que mucha gente decidió dar la vida; unos pensamientos y creencias que aún hoy siguen vigentes en nuestra sociedad, pero cada vez más devaluadas, quizás por caducas, quizás por utópicas, quizás por incómodas, pero que bien podrían ser los tres pilares de nuestra sociedad.